jueves, 18 de octubre de 2012

LOS SEPULTUREROS DE LA DEMOCRACIA

A MODO DE INTRODUCCION

Mi intención, al escribir en este blog, era tratar las diferencias entre las maneras de opinar sobre las decisiones propias o de otros, a través del nivel de imparcialidad de los opinantes, con la intención de dejar claras las diferencias entre quien actúa, o lo intenta al menos, correctamente y quien se escuda en el "color del cristal" para no reconocer que su criterio está condicionado por su parcialidad, su propio interés o la defensa del de aquellos de quienes depende.  

Intención, de la que pensaba excluir la Política, en parte por no adentrarme en arenas movedizas, el terreno favorito de los políticos, porque es tan variable e inseguro como su criterio, su ética y sus decisiones. Pensaba hacerlo sobre otros temas, fueran actuales o pasados, como El Cuadro del Campeonato Social, porque considero la Política, al menos la española, un caso perdido. Al decir, "caso perdido", me refiero a que sea cual sea el partido que se coja, a la derecha, en el centro o a la izquierda; estatal o nacionalista y esté en el Poder o en la Oposición, no hay nada que hacer.

Después de cerca de 40 años de Democracia, lo normal es pelearse como perros y gatos, utilizar la cabeza para embestir y no para razonar y cuando aparece un político que se expresa con cordura y aporta ideas y proyectos con pies y cabeza, se convierte en cuestión de semanas o de días, en blanco de las iras tanto de sus adversarios políticos, como de los compañeros de su propio partido, a los que deja en evidencia con su inteligencia, su inconformismo o su capacidad de trabajo.

Sin embargo, la lectura de "Los límites morales (la falsa moralidad)", "Los tiempos cambian... los colores siguen" y, muy especialmente, la "Carta abierta al ministro Wert" de Xavier Gusi, publicada en su muro, en Facebook y que recomiendo fervientemente leer, avivan mi memoria, despiertan mi espíritu combativo y me obligan a unirme a estas buenas personas en su lucha por hacer vencer a la Inteligencia frente al Cerrilismo, al Saber frente a la Ignorancia y hacer ver que es imprescindible analizar con rigor para poder intentar comprender antes de Juzgar y, si no se consigue, al menos, respetar.

Me emplazo a mí mismo, pues, a unirme a esta tarea, aunque, no está en mi ánimo descuidar otras. El título es una imitación de un libro de Victor Alba, "Los sepultureros de la República" que leí hace ya bastantes años y que no es la primera vez que plagio, porque siempre he pensado que es preferible una buena imitación (siempre que sea oportuna), que un mal original. Por otra parte, ya en un plan más cínico, el verdadero autor, caso de que esté vivo y se disguste si considera que es una imitación desafortunada, siempre podrá decir aquello de, "bienaventurados mis imitadores porque de ellos serán mis defectos".

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