martes, 20 de noviembre de 2012

¿SUEÑO O PARIDA?

Si un director de estos "modernos", genial o iluminado por la Diosa Talía, me pidiera protagonizar Hamlet vestido de amarillo,aceptaría a pesar de mi miedo escénico, de las advertencias de mis amigos y de que todavía no he conseguido memorizar y decir en el orden adecuado aquello de "La mesa está servida, Señora" y a lo más que he llegado, presa de los nervios, es a decir: "la servida está señora, mesa". 

Aclaro lo de director moderno que hace su propia versión del texto de Shakespeare, muy fiel, por supuesto, tanto al fondo como a la forma.

Resulta que su Hamlet, propio de un director considerado por la Crítica un verdadero genio, está ambientado en la época actual. Hamlet es hijo del Rey del equipo filial en Dinamarca del Manchester United y tiene la duda, nunca mejor dicho que Hamletiana, de a quién tiene que elegir para suceder a Sir Alex Ferguson: Pep Guardiola o Jose Mourinho. Es decir, ese es el dilema: ¿un tipo encantador o un borde integral?

Algo así como: "To Pep or not to Pep: that is the question".

Como ya he comentado, se respeta escrupulosamente el sentido de la obra. las pequeñas licencias estriban en que Ofelia es Spice Girl, pero de Dinamarca y las bacantes de los coros salen desnudas. Por lo que respecta a ellos, la mitad van vestidos de gladiadores romanos para simbolizar la virilidad de los jugadores de Mourinho, mientras que la otra mitad, los de Pep, se tiran la mitad de la obra cantando la canción de Coldplay, "Yellow".

Pues bien, a pesar de mi reserva ante las versiones actualizadas; no tendría inconveniente en aparecer vestido de amarillo en el escenario si la indumentaria del personaje lo requiere. Supongo, claro está, que tendría que aportar yo el jersey porque es de imaginar que en el atrezzo del teatro no se encontraría ninguno, ni estarían dispuesto a ir  buscar uno, aunque fuera a Marks & Spencer.

De todas formas, si en la esquina del teatro se estacionase una unidad de la UVI tampoco estaría de más. Lo digo, más que nada, por si una parte del respetable público no encajaba de buen grado la versión y empezaba a tirar objetos al escenario. Igual lo de Moliere no fue un infarto sino un cantazo en todo el coco propinado por algún espectador indignado...

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