viernes, 5 de julio de 2013

JUANJO Y ANA

JUANJO Y ANA
Este es un recuerdo que me ha llegado a través de un medio inimaginable hace tan sólo unos pocos años: la Red Social por excelencia, Facebook. Como la mayoría de vías de llegada de recuerdos, por puro azar. También, como todas, ha dado lugar a la formación de una cadena de hechos pasados y personas conocidas, eslabones de un pasado querido y en algunos casos, añorado.

El primer eslabón ha sido una foto de la página -el muro, lo llaman los expertos- de Alex Delafuente sobre el «Torneig del pernil», a celebrar en el Club de Tennis L’Hospitalet. 
El segundo eslabón, la página del CTL’H. El club ya no es lo que era, desgraciadamente, pero todavía subsisten algunas cosas. Mientras echaba un vistazo apareció un nombre, Marc Santos, uno de los entrenadores del club y tercer eslabón de la cadena.
El cuarto fue uno de sus amigos en Facebook: Jorge Ahumada; Jordi, como le llamábamos habitualmente quienes le tratamos en aquella época. A través de él  he llegado a los siguientes eslabones, los fundamentales: su hermana,  Ana Ahumada, su esposo, Juanjo Berrio, y sus hijos, Israel y Virginia.

Quizás, después de Juanjo Berrio, debiera haber añadido, «que en paz descanse» o «que Dios tenga en su gloria», pero los que tuvieron la fortuna de conocerlo saben que es  innecesario: dio tanto a los demás con su manera de ser que, allá donde esté, se sentirá feliz al apreciar lo que le añoran las personas a las que más quiso y como le recuerdan aquellos que disfrutamos de su generosidad, su alegría de vivir o por ser testigos de que su claridad de ideas iba acompañada de un espíritu emprendedor innato, que las convertía en realidades.

Realmente, las personas como él no desaparecen nunca, están siempre a nuestro lado porque somos conscientes de al menos tres cosas: su manera de ser, es la buena; seguir su ejemplo, lo aconsejable y afrontar las dificultades de la vida sin amilanarse, algo imprescindible.

Al ver las fotos en la página de  Ana, junto a la tristeza y el dolor, queda la constancia de su entereza, la impresión de que fue capaz de animar y reconfortar a quienes sufrían por él y de la continuidad -frente a la adversidad- de un semblante que siempre dio confianza y trasmitió optimismo.

También, la alegría de ver a Ana, con aquella niña -que yo recordaba con seis o siete años- la ha convertido en abuelita. Una abuelita que, no me cabe la menor duda, seguirá siendo una rival muy difícil de batir, sea en una pista de tenis o en un campo de golf.

Inmediatamente me he puesto a buscar entre las fotos que conservo de aquellos años del CTL'H. Me he detenido en una que hice al equipo que Juanjo patrocinaba, y en el que jugaba cuando su trabajo se lo permitía: Stadium Mobel. Allí está con el inefable "manager", Just Arús, El hermano de Ana, Jordi Ahumada, Ramón Sort, el Dr. Broncas (alias "Ramón Balcells"), JM Saez (Tanque 1), Hernán Cortés y otros.

Afortunadamente, las buenas personas nos acompañan y su recuerdo, lejos de entristecernos, nos reconforta, porque sabemos que gracias a ellas somos un poco mejores.

Euge.