sábado, 9 de enero de 2016

BOLA DE SET: EDITORIAL Nº 10

El comienzo de una película, una instalación deportiva con PROPIETARIO, GESTOR y CLUB poco avenidos y el editorial, con algo de historia aclaratoria según la viví


Poner en la portada a esta niña angelical no gustó nada
a los padres de otras niñas y niños de la Escuela de Tenis. 

En ese momento ya estaba solo para defenderme de los improperios.

En Abril de 1999 salió el nº 10 de  Bola de Set, revista del Club de Tennis L'Hospitalet
Para no poner palos en las ruedas a la Nueva Junta y "limar asperezas" con FCT, entrevisté -con la flor en la mano- a Josep Mª Monsó, nuevo presidente y a Eloi Moliner, representante de la FCT, con el que la Junta saliente había tenido una relación, digamos difícil. Recuerdo que al empezar la conversación con Moliné en su despacho del club, respondió -a un comentario mío sobre no recuerdo qué pero referido a mí-, que yo era un hombre "de muchos escritos"; pero dicho con una expresión torva y un tono tan agrio que no dejaba lugar a dudas sobre lo que opinaba de mis escritos. Luego, conforme la conversación se fue haciendo más distendida, su talante cambió y hasta me comentó que en el Libro de Honor de FCT había un dibujo de Gabriel García Marquez, dedicado, con motivo de su visita a la Sede Central de la Vall d'Hebrón en Mayo de 1966. Me permitió reproducirlo y me proporcionó una foto en la que estaban Moliné y Pascual Maragall haciendo un recorrido por las instalaciones de dicha sede. Como suele suceder por culpa del desconocimiento mutuo, ninguno era tan perverso como se pensaba el otro...

Un poco antes
Hacía ya unas semanas que Josep Mª Blanch, presidente de la Junta, había decidido no presentarse a la reelección por motivos personales. Hubiera ganado fácilmente por los logros de la Junta que presidió, muy superiores a los de cualquiera de las anteriores. Y puedo dar fe de la exactitud de lo que digo porque llevaba 20 años en el Club cuando entré en ella y había formado parte de la anterior, de la que dimití al cabo de un año por las enormes discrepancias con la gestión, el nulo interés por poner en marcha mi proyecto de revista y para evitar terminar enemistado con su presidente, Just Arús, un gran amigo. 

Se convocaron elecciones sin que nadie quisiera coger el relevo. Tras diversos intentos se consiguió que Josep Monsó asumiera, a regañadientes y por segunda vez, la presidencia. Formó una junta con personas afines a él y en la que José Gris decidió seguir para cuestiones sociales y Luis Miguel Blanco para los equipos senior. Monsó aceptó continuar con la revista pero sólo si me comprometía a que al Club no le costase "ni un duro". Como siempre había sido así gracias a la gestión económica de Josep Mª Blanch y Xavier Gusi y los "duros" le habían costado a los anunciantes, socios del club, que generosamente la sostenían con sus anuncios, casi a fondo perdido; no tuve inconveniente en asumir el compromiso. 
Asistí a una sola reunión, la primera, que confirmó con creces los peores presagios: en sus manos el futuro del club se vislumbraba muy negro, condenado a quedar en manos de la FCT y con unos pocos benefiarios de la situación. Me dediqué a hacer la guerra por mi cuenta en la revista, ya practicamente en solitario, e incluso dejé de organizar campeonatos, incluído mi predilecto, El Torneig de Sant Esteve, un campeonato muy original que se celebraba cada 26 de Diciembre por la mañana, con merienda-cena y entrega de regalos a todos los participantes a última hora de la tarde. Como suele suceder cuando alguien toma el relevo de algo en lo que no cree ni le gusta, a mi sucesor le podrían haber propuesto -ya que estaba licenciado en Químicas- para el Premio Nobel de Química, por haber logrado la conversión del torneo en una mierda.

Como único acto oficial me limité a acompañar a Josep Mª Monsó y Luis Miguel Blanco a la primera visita oficial al Alcalde de L'Hospitalet de LLobregat, que seguía siendo Celestino Corbacho. Era consciente de que si no iba a la reunión, Monsó eludiría el tema y la revista quedaría condenada. La cordialidad y buena sintonía de las reuniones entre el Alcalde, Blanch, Gusi y yo, no se vio por ninguna parte. Fue correcta, interesante en algunos aspectos, pero soporífera y desangelada. Si no hubiese sido porque el Sr. Corbacho sacó a relucir el tema de la revista y de forma muy elogiosa, me hubiera visto obligado a sacarlo yo. Encima, y sin que viniera a cuento, Monsó quiso hacerse el gracioso con un comentario sobre mi nivel de tenis, comparado con el de Blanco y suyo, muy superior, que me hizo replicar con cierta crudeza y obligó a que el Sr. Corbacho, con bastante más tacto, interviniera en mi favor y devolviera las aguas a su cauce. 

Este fue mi último editorial. El siguiente, último de la revista, corrió a cargo de Monsó. Otro estilo y ninguna queja por parte de FCT: tenían lo que querían: sumisión y carta blanca para actuar en el único reducto del Complex Esportiu Club de Tennis L'Hospitalet en el que durante cuatro años no habían podido clavar la zarpa sin recibir respuesta. Habían causado más de un rasguño pero tampoco se habían ido de rositas y se habían quedado con las vergüenzas al aire en más de una ocasión.


EL EDITORIAL


TRANSCRIPCIÓN ÍNTEGRA DEL EDITORIAL
A veces, una lesión tiene su parte positiva: te confina, mal que pese, a la poltrona y permite hacer algo más que ver la TV. Leer, por ejemplo. Entre lo que he leído últimamente están las memorias del cineasta sueco Ingmar Bergman.  Cuenta, que en un viaje que hizo a Hollywood, tuvo oportunidad de hablar con directores norteamericanos, ya retirados. William A. Wellman, el más veterano de aquella reunión a la que también asistieron William Wyler y Billy Wilder, dijo algo que para el director sueco resultó particularmente esclarecedor. Cito textualmente: 

«A principio de los años 20, Wellman aprendió el oficio dirigiendo cortos de dos actos. Se trataba sobre todo de establecer la situación rápidamente: La escena representa una calle polvorienta fuera del «saloon». En la escalera hay un perrito. Un hombre sale por la puerta, acaricia al perro, monta a caballo y se va. Otro hombre sale, le da una patada al perro, monta y se va. El drama puede empezar. El espectador ha distribuido en menos de un minuto sus simpatías y antipatías».

Viene esta introducción  a propósito  de los contenidos literarios y gráficos del nº 9 de Bola de Set y de los cambios de impresiones mantenidos con diferentes personas en torno a ellos. Diálogos sinceros y correctos, aunque no exentos de pasión en determinados momentos. En cualquier caso muy interesante;  tanto por lo que se dijo como  por la claridad con que se hizo.

Bola de Set no asigna papeles de «bueno» o de «malo», ni pretende dar pie a que otros lo hagan en su lugar. Simplemente, informa y opina,  aunque sea más rigurosa a la hora de evaluar las actitudes de las personas que considera con superior capacidad humana, intelectual o de decisión que las de aquellas otras que estima de condiciones más limitadas. Por otra parte, no se debe olvidar el amateurismo -que no significa falta de profesionalidad- de quienes confeccionamos la revista, que nos impide dedicar todo el tiempo que quisiéramos a recabar información. Necesitamos que se nos ayude a recibirla y rara vez se hace. Damos por supuesto que si el lector se siente herido por algo de lo publicado, sabe que tiene la total seguridad de que su rectificación, si se decide a ejercitar su derecho a la réplica, se va a publicar en la revista aunque ello suponga dejar en evidencia a quienes la confeccionamos. Tratamos de ser rigurosos y objetivos, a la vez que amenos y capaces de estimular el interés del lector, sin  renunciar a ejercer nuestra capacidad de crítica o de elogio de instituciones y personas. Nos sentimos capacitados y poseedores del suficiente sentido común para hacer un uso apropiado del material de que disponemos para ejercer nuestra labor. 

Todos, dirigentes y ciudadanos, debemos aprender a convivir con la crítica. Asumirla cuando está justificada, sin considerarla como un ataque personal y por lo tanto inadmisible, pero también luchando contra ella cuando la consideremos injusta, sin resignarnos a encajarla como un mal inevitable o uno de los «gages» del oficio. Sin embargo, para que ello se produzca de una manera natural y sin crispaciones es necesario que nos dotemos de las dosis de serenidad, rigor y humildad suficientes para situarnos nosotros  y situar a nuestros críticos  en el lugar adecuado... en cada circunstancia. No es fácil, pero hay que intentarlo. Un primer esfuerzo es, por ejemplo, dar por sentado que la persona que nos formula la crítica o que hizo algo que no se ajusta a lo que esperábamos, no es nuestra enemiga, ni actuó de manera incorrecta e incluso puede ser alguien que nos tiene en gran estima personal. Simplemente, discrepa de una forma puntual o antepuso lo que consideró su deber a cualquier otra consideración.

Una Nueva Junta ha asumido la dirección del Club y las relaciones con las Instituciones que comparten la responsabilidad en Instalación y Club entran en una fase que todo parece indicar que va ser de una gran fluidez. Bola de Set,  por primera vez desde su fundación, no va a tener a ninguno de sus responsables en la Junta del Club. Para los que nos conozcan eso no pasa de ser un hecho anecdótico; pensamos seguir a disposición de la Junta, colaborando en el esfuerzo común: hacer de nuestro Club el mejor posible. Como es lógico, el Editorial, que expresa la opinión de la Junta, pasará a ser escrito por Josep Mª  Monsó  o por la persona que él considere oportuno designar.


Desgraciadamente, el tiempo ha confirmado los peores augurios y la degradación y posterior abandono de cuanto se hizo no tardó en llegar. Hace unos meses Xavier Gusi me mandó unas fotos con el estado de las salas del club, de televisión, de juegos de salón, la cafetería y el restaurante, en un lamentable estado.


domingo, 3 de enero de 2016

SARA MONTIEL, LOLITA Y LA ANÉCDOTA CONFUNDIDA



NOCHEVIEJA EN ANTENA 3


Afecto y admiración mutuos
En Nochevieja, antes de las campanadas de Fin de Año, Águeda y yo vimos el programa-resumen de auto-bombo de Antena 3, alternando con rápidas ojeadas a otras cadenas para comprobar si ponían algo que fuera más digerible. En dicho programa resumieron diversos momentos de sus programas más destacados. Y, ¡cómo no!, por allí andaba la inefable Lolita dispuesta a hacer notar mediante una anécdota lo importante que fue su madre.


Según Lolita, Sara Montiel recibió un obsequio de Lola Flores  -que no recuerdo qué dijo que fue-, que le trajo tanta suerte que cambió su vida. La película “El último cuplé”, protagonizada por Sara Montiel, se convirtió en un éxito impresionante y, como consecuencia poco menos que directa, pudo irse a Hollywood, conoció al director Anthony Mann, se casó con él, hizo varias películas…

Escrito así queda muy soso pero contado con la facilidad de palabra, gracejo y modestia –sobre todo, modestia- que caracteriza a la incomparable Lolita, la cosa cambia. Casi tanto como su versión de los hechos comparado con lo que sucedió en realidad.

Lamentablemente, sobre todo para los espectadores que se creyeron lo que explicó Lolita, lo cierto es que ese viaje a Hollywood se produjo en 1953, cuatro años antes del estreno de El último cuplé. Por esas fechas, Sara Montiel llevaba tres años en México, a donde había emigrado al ver claro que el Cine Español, maniatado por una censura brutal -y desconcertante en ocasiones- tenía pocas salidas. Y su futuro en él, menos todavía con una manera de ser como la suya. Su llegada coincidió con la mejor época del cine mejicano. En un ambiente de mayor libertad protagonizó catorce películas en tres años. Sin embargo, México no colmaba sus expectativas y se trasladó a Hollywood, en donde la Columbia le ofreció un contrato de siete años que rechazó, prefiriendo no ligarse a tan largo plazo. Protagonizó Veracruz junto a Gary Cooper y Burt Lancaster, conoció a Anthony Mann, se casó con él, protagonizó dos películas más y después regresó a España para filmar El último cuplé. La película tuvo un éxito que sorprendió a la propia empresa. Para no desmerecer cuanto explicó Lolita, es aquí donde el regalo de Lola Flores pudo ser clave; pero, clave-clave; para que la película triunfara.
 
Como en la foto anterior
Lo que son las cosas; casi todos pensábamos que el éxito de la película se debía a la personalidad de Sara Montiel, a los cuplés, a un bien escogido reparto, a la sabia dirección de Juan de Orduña, a ser estrenada en un momento idóneo para que un público nostálgico de la época que se rememoraba reaccionara masivamente... Y “el boca a boca”, que funcionó a las mil maravillas, sobre todo entre personas que habían vivido aquella época, cualquiera que fuese su edad. Recuerdo perfectamente que mis padres fueron a verla –al cine Montecarlo de Barcelona si la memoria no me falla- por recomendación de unos amigos y ellos, a su vez, se convirtieron en trasmisores de lo bien que lo habían pasado. 

Fue una cadena.... 
¿O lo que fue una cadena es lo que le regaló Lola Flores a Sara Montiel?