martes, 19 de julio de 2016

MIRADAS QUE MATAN, ELECTROCUTAN, DELATAN, CONMUEVEN, ENGRESCAN, EMOCIONAN...


Hace unos días y a raíz de un escrito/comentario hecho por mi amigo Eugenio Guardiola y un par de casualidades que nos afectaban me vinieron al recuerdo dos cosas, primero el título de este escrito suyo publicado el 18 de noviembre de 2012 y segundo, que curiosamente este año 2016 y tal vez, por estas fechas se cumplían treinta y tres años de una mirada como las que él mismo titula.
      
Si analizo o hago un simple ejercicio de memoria, cuando se creó la revista Bola de Set, la sección "El Color del maldito cristal" tenía que amparar hechos o acontecimientos bajo la responsabilidad del autor y a su vez, la réplica de quien se pudiera sentir aludido o que difiriera del original expuesto. En diversas ocasiones he comentado que tanto el primer escrito que se hizo como la réplica a éste, para mi, fueron espectaculares incluida una tercera por alusión. A pesar de los años transcurridos sigo recordándolo y de vez en cuando, los leo y disfruto con los párrafos de ambos contertulios; pero bueno, cambio el chip porque de lo contrario, empiezo a extenderme en cuestiones y casos que tampoco quiero que afecten a mi historia y, sin embargo debo hacerlo para que se entienda que si alguien se puede sentir aludido, por este mismo medio pueda decir con toda libertad su opinión al respecto, como no puede ser de otra manera.
                                                            
Retomando el hilo a lo que indicaba en el primer párrafo, nos centramos entre el verano y el otoño de aquel 1.983, en ese período de tiempo repartía las 24 horas del día en siete para el trabajo, cinco a dormir y el resto (12 horas) al futbol, tenis, petanca, dominó, algo del buen comer y mejor beber procurando, por supuesto, no perder el orden establecido.

Pues bien, como iba diciendo se organizó un Campeonato de Petanca en el que los equipos lo formaban tres personas, lo que se suele denominar "tripleta" y el organizador del campeonato sino era Eugenio Guardiola seguro que debía ser el coorganizador. Leídas las bases, ni cortos ni perezosos, nos apuntamos para formar la tripleta los tres más jóvenes de todas las tripletas (una chica y dos chicos con veintipocos años) menos idea en la petanca de la que os podáis imaginar, algo de las cuatro reglas mínimas y por supuesto, después de comprarnos las bolas y el estuche junto con la gamuza que todo buen jugador debe llevar en la mano contraria a la que tira la bola. Por lo que se refiere al nombre de los otros dos componentes no voy a ponerlos, aunque me consta que al menos uno de ellos, existen serias probabilidades que lea esto y, por supuesto si quiere añadir o comentar alguna cosa, como es lógico está en su perfecto derecho como he dicho con anterioridad y por supuesto con permiso de E. G.   

Se inició el Campeonato y fuimos pasando rondas o eliminatorias, unas veces por casualidad y otras por suerte y quizá en alguna que otra, con cierta pericia que fuimos cogiendo en base a la propia experiencia de ir jugando, creo también que en alguna partida alguien pecó con algo de soberbia al vernos jóvenes y casualmente perdieron por la vía rápida. Sea por lo que sea, nos presentamos en la final y qué casualidad, en esa final estaba Eugenio Guardiola y si no recuerdo mal, su tripleta la formaba él y dos compañeras aunque, debo confesar que tengo dudas con uno/una de los componentes.

Se jugó un domingo al mediodía entre las doce y las trece horas y, curiosamente nos pusimos con cierta facilidad por delante, aunque nos llegaron a remontar y nosotros a su vez, en busca del magnífico punto 18 que nos daba la victoria. Después de diversas jugadas llegamos al 17, aunque no recuerdo qué puntuación tenía en ese momento la tripleta de Eugenio, lo que si recuerdo era que nosotros teníamos el punto ganador y todo dependía que él consiguiera con sus bolas (2) quitar la nuestra y evitar que ganáramos el Campeonato, para los no entendidos os diré que el segundo punto es evidente que lo tenían ellos, por eso dependía lanzar y sacar nuestra bola.

Os rogaría imaginéis o lo intentéis ver a Eugenio con el máximo de concentración para lanzar su bola y estamparla contra la nuestra, tenía una manera de colocarse muy característica. Su posición consistía o se parecía a la de un tirador de esgrima (técnicamente se les llama así) y donde llevaría el florete a media alzada estaba la bola, la mirada fija, silencio, concentración, equilibrio perfecto de la mano sujetando la bola y justo cuando va a lanzar, me cruzo enfrente de él a unos cinco o seis metros; pero en la perspectiva justa del boliche, bola del punto, bola de lanzamiento, su mano y Eugenio que, se paralizó, se reincorporó y.... ME MIRÓ y ahí, justo ahí es donde se identifica plenamente con el título de este escrito.

Juro que pedí disculpas, juro que lo hice involuntariamente, juro que me desplacé para ver mejor su jugada y juro que, sinceramente me sentí fatal después de la acción; pero lo hice y esa mirada fulminadora, a día de hoy todavía la recuerdo, aunque con los años espero y creo que me ha perdonado aunque no se si es muy buena idea que hoy se lo recuerde.

A pesar que después tuvo todo el tiempo del mundo para volver a concentrarse, lanzó las dos bolas sin ni siquiera rozar la que precisaba. Había perdido el Campeonato y nosotros lo habíamos ganado, el cruce se había producido, la mirada permaneció en el aire durante mucho tiempo.

Fue el principio de una gran amistad.....


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