viernes, 16 de enero de 2015

RÉPLICA POR ALUSIONES

La Aparición fue así de espectacular, aunque de entrada se presentó
con el típico triángulo con un ojo dentro

RESPUESTA A JOSEP Mª MONSÓ
(Publicada en el nº 2 de Bola de Set y transcrita tal cual se publicó)

A
nte la polémica desatada por el nuevo formato del Campeonato Social, categoría Individual Masculino, me veo en la obligación de puntualizar que los cambios efectuados se basan en los hechos que a continuación expongo. Juro solemnemente que lo que voy a contar es tan cierto como que los jugadores de mayor nivel se desviven por jugar con los de niveles inferiores, ansiosos de transmitirles aquella parte de sus conocimientos tenísticos que permita la congénita incapacidad de los menos dotados para la práctica del tenis.
Los hechos sucedieron así:
Me encontraba sentado en un sillón de la Biblioteca de la C.I.A. (Agencia Central de Iluminados) en donde, en un vano intento de conciliar el sueño, estaba, al igual que otros cuentan borregos, contando “vacas sagradas”: Monsó; Monsó y Navarro; Monsó, Navarro y Ocaña; Monsó, Navarro, Ocaña y Julia, etc; cuando, ¡zas!, se me apareció DIOS.
Era ÉL, lo juro. El triángulo, un ojo en su interior, los rayos luminosos saliendo de los tres lados, el color amarillo, brillante, cegador… Todo coincidía con la idea que tengo de ÉL desde mi más tierna infancia. Además, es que me lo dijo:
– Euge, soy YO.
– ¡Tú!
– Sí, YO –repitió con un tono de infinita paciencia.
– ¡Cielos, ÉL! –no pude por menos que exclamar, como dirigiéndome a un público invisible.
Ya sé que parece un diálogo para besugos, pero es que sucedió así.
– Tengo una misión trascendental que encomendarte –añadió.
Como me quedé mudo, transido por la emoción sobrecogedora del instante, continuó hablando.
– Te he elegido, hijo mío para que, después de que te ilumine a fondo, transmitas a mi pueblo un mensaje. El mensaje de dios para todos los organizadores de torneos del Mundo y tenistas en particular. Son los diez mandamientos de la Ley tenística. Léelos, difúndelos y hazselos cumplir a mi rebaño.
– ¿Todo el mundo debe cumplirlos, Señor? –pregunté sibilinamente
– Sí, todos sin excepción –contestó en un tono de voz que no admitía réplica. Y añadió, implacable-: Vacas Sagradas incluídas.
Me dejó las Tablas, con los Diez mandamientos y se esfumó.
Saliendo del pasmo, me incorporé y fui, raudo y veloz, a ponerme en contacto con los restantes Sabios de la Tribu sin poder evitar, no obstante, que se me escapara una risita sardónica, como la de Richard Widmark mientras empujaba, escaleras abajo, la silla de ruedas con la ancianita a bordo. EUGENIO GUARDIOLA

 
Aquí fue cuando me dijo lo de que, "las vacas sagradas
también debían cumplir los Mandamientos".

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