sábado, 29 de septiembre de 2012

Los límites morales (o la falsa moralidad)

El tema de la falsa moralidad siempre me ha resultado, cuando menos, curioso. Es curioso que cualquier persona (o personajillo) pueda tomar decisiones o hablar sobre la forma de vida de otros, es curioso que se criminalice a otras personas u otras culturas, es curioso que se alardee de predicar con el ejemplo cuando no es precisamente lo que se hace, es curioso que se quiera vivir por encima de las posibilidades porque ello te da un status y te hace sentirte 'superior' a los otros y tambien es curioso que se actúe por el 'qué dirán' solo por querer aparentar aquello no se es.

A ver, que me pierdo y no me quiero ir por las ramas, viene esta reflexión a propósito de la época que estamos viviendo, donde todo vale, donde se permite que delincuentes de traje y corbata campen a sus anchas impunemente mientras otros (que habitualmente no llevan traje y corbata) son encarcelados o echados vilmente de sus viviendas solo porque los mismos que les dejan sin trabajo y sin opciones son los que en su momento les embaucaron con la compra de una vivienda supravalorada y que ahora, con la excusa de la coyuntura, les dicen que aunque les embarguen su hogar, siguen en deuda. 

También en esta época vemos como se vulnera la libertad de expresión, el sentimiento de las personas y la voluntad de la sociedad por encontrar un medio de convivencia mas justo y equilibrado para todos. No voy a entrar a valorar si lo pide un millón y medio de personas o 900.000, tampoco voy a entrar a valorar si los que no lo piden expresamente opinan o no lo mismo, lo que sí que quiero valorar es que hay un sentimiento, y para algunos una necesidad, de que las cosas cambien, de que evolucionen, por pura inercia, de la misma forma que lleva evolucionando la sociedad, es decir, en la medida en que ella misma quiera ir evolucionando porque, no lo olvidemos, la sociedad la formamos todas las personas que en ella vivimos y en la medida en que las personas queramos ir cambiando, la sociedad cambiará.

Sinceramente, a medida que me voy convenciendo de que la clase política debe llevar al pais hacia donde las personas y la sociedad quieren, me vuelvo mas apolítico, ¿y porqué?, porque me doy cuenta que desgraciadamente (por lo menos en este pais) no es así. Mientras existe una formación política que sigue anclada en el pasado y justificándose con la 'herencia' del otro gobierno, tambien existen otras formaciones que pactan con ellos cuando les interesa, otras que no acaban de definirse en lo que quieren y otras que juegan al ratón y al gato. Realmente, lo confieso, no sé que oscuras intenciones hay detrás de la convocatoria de adelanto de elecciones anunciado por el Sr. Mas, pero lo que sí es cierto es que ello proviene de una manifestación del sentir popular, y ademas, de hacerlo de forma civilizada, que dicho sea de paso tampoco sé si hubo algun tipo de interés o manipulación para que así de civilizada y multitudinaria fuera.

Lo confieso, yo no fuí, pero tampoco me identifico con los que, según los señores (en minúsculas) del PP, no están de acuerdo con el lema de la manifestación, aunque bien es cierto que muchos de los que no fueron no lo hicieron por eso, porque no estaban de acuerdo, y ahí aceptamos pulpo como animal de compañia. Bién, llegados a este punto, ¿a quién hacemos caso, a los unos o a los otros?, pues ahi es donde interviene la falsa moralidad o los límites morales, y de ahí el título de este escrito. Vivimos en una sociedad que está regida por políticos caducos que solo piensan en el interés de su partido y que no representan a nada ni a nadie, que además se aferran a una carta magna igual de caduca, la cual, no lo olvidemos se hizo en un momento de transición desde una dictadura donde peor hubiera sido no tener nada, con unas necesidades determinadas de la sociedad que datan de hace 34 años.

Como antes he comentado, no sé si en la convocatoria de la manifestación del pasado 11 de septiembre se puso especial foco en que, ahora si, ahora hay que dar un golpe encima de la mesa y expresar el cabreo manifiesto, pero si antes tambien comentaba que la clase política no representa a nada ni a nadie porque no gobierna teniendo en cuenta el sentimiento de la sociedad, quizá esta convocatoria de elecciones anticipadas sí que lo puede reflejar, ya que vuelvo a repetir, si la manifestación del 11 de septiembre no hubiera sido como fué, probablemente hoy no estariamos hablando de que el próximo 25 de noviembre los que seguimos creyendo en la democracia tenemos una cita, eso si, con la esperanza de que el resultado sea vinculante igual que el del mas que probable referendum del próximo año.

De todas formas, si todo esto no se consigue, tengo la esperanza de que se consiga otra cosa, que la clase política vea que ellos deben ser meros ejecutores de la voluntad popular, sea la que sea.

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