jueves, 21 de marzo de 2013



ENAMORAMIENTOS DE CINE

A raíz de un escrito de mi amigo Euge sobre los Amores de Cine y los impulsos que pueden llegar por este concepto y al mismo tiempo, la extrema sensibilidad que vive el enamorado mitificando a ese ser que en ese momento o en miles de momentos siguientes o a lo largo de toda su vida le dedica en cuerpo y alma, bien pues no pude evitar recordar y revivir tal experiencia en mi vida y a muy corta edad.

 Supongo o quiero suponer que debía ser durante el mes de mayo o junio de pasado ya el meridiano de los años 60, no creo ni que llegara en esa época a los 10 años, pues bien, tenía una vecina justo en la puerta de delante de la mía que trabajaba en lo que se denominaba “taquillera de cine” , ya entonces era bastante mayor o desde mi prisma yo la veía muy mayor que, ahora ni me atrevería a ponerle edad porque probablemente estoy incluso por encima de la que entonces debía tener y como es lógico si dijera un número u otro es más que probable que pudiera herir sensibilidades, las mías primero.

Pero bueno, no debo irme por las ramas, corría las fechas que os indico y la buena señora, después de pedirle permiso a mi madre me llevó a ver una película en el cine que ella trabajaba “EL ARISTOS”. Este cine se le consideraba un cine de “estreno” eso significaba que no era de sesión doble y fui a ver “Guapa, Intrépida y Espía” protagonizada por Raquel Welch y Tony Franciosa que, para nada era apta, bueno y además tenía los cortes necesarios de la “censura” y ni se hubiese podido pasar por la cabeza haber dejado entrar un niño. Entiendo que por este echo, la pobre Sra. Carmen supongo que se ganó el infierno o quizá años más tarde, después de muerta, le ocasionó estar una buena temporada en el Purgatorio que era una sala especial; pero bueno de eso ya hablaremos otro día.

Bien, como iba diciendo después de presentarme al acomodador y algún que otro trabajador que no me acuerdo, entramos a la sala que me pareció majestuosa y de una manera bastante discreta (por la edad) me sentaron en una butaca que la verdad, me pareció muy cómoda y no precisamente estaba rodeado de gente. Con los nervios lógicos de un niño que va a un cine de estreno a ver una película de mayores, ésta empezó y la verdad que no me acuerdo ni del argumento ni si tan siquiera me llegó a gustar; pero si me acuerdo de Raquel Welch (El cuerpo), resulta que la tal Raquel se tiraba en paracaídas con un “mono” rojo y ceñido espectacular y a mi corta edad reconozco que me enamoré, bueno lo se porque notaba yo que no me apetecía para nada ir a jugar a futbol, ni estar con mis amigos, ni nada de lo que hacía habitualmente; pero tampoco sabía qué era lo que me pasaba, sólo recordaba aquella melena al viento, el “mono” rojo y aquellas curvas que eran espectaculares pero que, dentro de mi lógica inocencia sabía que me gustaban; pero no llegaba a entender por qué y por qué tanto. Si a eso se le añade que tenía que esperar que acabara la Sra. Carmen de vender entradas, pues vi a la Raquel Welch, nada más y nada menos que casi tres veces en las tres sesiones que daban la película. No obstante, ya una vez empezada la última sesión vino a buscarme y nos fuimos, yo flotando y pensando en Raquel, mientras la Sra. Carmen me preguntaba si me había gustado la película y yo le respondía que mucho, viendo como se tiraban en paracaídas.

Mi enamoramiento fiero y loco, terminó con la misma rapidez que empezó; pero quedó lo que decía al principio, la sensibilidad, el cariño del recuerdo. También tengo que decir que ha durado siempre mi admiración por esa actriz en todos los aspectos. Ya más tarde, en otra de sus películas que se llamaba “Hace un millón de años..” la admiración fue distinta y entonces ya no jugaba con mis amigos en la calle y parece mentira que para la época que era… un millón de años atrás, lo bien que se podían hacer “bikinis” con pieles de animales… increíble!.

Mi último enamoramiento cinematográfico, nada más y nada menos que de “Sharon Stone” curiosamente somos de la misma edad, a su favor hay que decir que ella se maquilla.

Cuándo me enamoro de ella? Como es evidente viendo la película “Instinto Básico”; pero no precisamente en el momento del “cruce de piernas” que, si bien es muy bueno, no me impactó tanto como toda la película en general.

En cambio, ese estado idílico me duró justo hasta el final de ese mismo año del estreno, porque se le ocurrió hacer el anuncio de una conocida marca de “CAVA”, hasta ahí perfecto, el problema fue que la peinó y le cortó el pelo, para mi gusto, el enemigo público número uno (que es el título de otra película) y que no se de quien se trataba; pero que después de los años, tendrían que quitarle la licencia de peluquero y destrozó e hizo añicos mi bola de cristal.

Cuando escribo estas líneas y ya termino, no puedo evitar pensar en el niño aquel sentado en esa butaca de la fila “no me acuerdo”, levantándome para coger la mano de la Sra. Carmen y mientras voy saliendo dirección a la calle observo cómo el CINE ARISTOS, va cambiando para convertirse en “TEATRO MORATIN”, apenas doy unos pasos más y se transforma otra vez y me saluda “BELLE ÈPOQUE” y por último cuando estoy a punto de salir a la calle estoy en la puerta de “LUZ DE GAS”, le sigo dando la mano a la Sra. Carmen y veo en sus ojos una pequeña lágrima y ella se queda mirando en la esquina superior izquierda, todavía hoy se puede leer a modo de homenaje una palabra encantadora y llena de nostalgia “ARISTOS”.




martes, 19 de marzo de 2013


3ª NARRACION 
(a partir de un texto recomendado, en azul))

Este sitio es un lugar inmundo. Nadie conoce a nadie, nadie se preocupa de nadie. Todos sospechan de todos y todos vigilan a todos. Yo observo de reojo a quienes están a mi lado lo mismo que ellos me observan a mi.

Si en la próxima Legislatura no conseguimos formar grupo parlamentario propio me doy de baja del Partido. ¡Estoy harto del Grupo Mixto! No aguanto más formar parte de una pandilla de insatisfechos que no sirve para nada, empezando por mí. Ni siquiera podemos sentirnos útiles cuando el partido que gobierna no dispone de mayoría absoluta. Si cuenta con apoyos claros y estables no tiene necesidad de negociar con nosotros. Los únicos debates dignos de tal nombre se producen en proyectos irrelevantes, cuando al Gobierno no le preocupa el resultado. Sabe de antemano que dispone de margen de maniobra suficiente para sacar adelante su propuesta. 

¿Cómo es posible que se nos margine de esta manera cuando entre todos los partidos que lo componemos sumamos cerca de un millón y medio de votantes?
Y entre quienes nos consumimos por no poder hacer cuanto quisiéramos, ¿a santo de qué tanto mirar de reojo y vigilarnos unos a otros para averiguar que vota cada cual? ¿Por qué he de sentir los ojos viscosos de Ruperez fijos en la mano cuando extiendo el brazo para tocar el maldito botón? ¡Como si fuera un asunto de vital importancia el asunto que se debate!... Bueno, en la mía y en la de todos los del grupo; no olvidemos que luego tiene que pasar el informe al Presidente de la Cámara; que ya sabemos todos de qué pie cojea Ruperez: se está trabajando, voto a voto, el cambio de Partido. 

Si digo que aquí nadie conoce a nadie puedo resultar exagerado, pero en algunos aspectos es una verdad como un templo... ¿Qué sé yo de Seguí, de Roca, de Sanchez, si ni siquiera he cruzado unas palabras con ellos en los pasillos o en el bar? Somos extraños y, lo que es peor, no parece preocuparnos. 

Tendría sentido vigilar lo que hacen tus colegas si la situación fuera de mayoría relativa inestable. Un Gobierno abocado a unas votaciones en la que nuestro voto pudiera resultar crucial para aprobar o rechazar la propuesta debatida, tendría que negociar. Por otra parte, se dan circunstancias en las que ni yo mismo tengo claro qué debo votar, por mucho que lo haya analizado o, incluso, discutido con otros. Debe notarse y es lógico que les pique la curiosidad. Al fín y al cabo, ¿quienes somos?: cada uno es de su padre y de su madre. Mi caso, por ejemplo: único representante de mi partido, con 140.000 electores. Y hay cuatro más en idénticas condiciones y posiblemente con parecidas dudas en momentos concretos. Tiene cierta lógica, pues, que nos intrigue averiguar su decisión.

En un plan más superficial, es comprensible. Hasta resulta divertido. Sobre todo cuando comentas con los más afines del Mixto las maniobras para que nadie pueda ver el botón que tocas, aunque a la mayoría nos tenga sin cuidado que se sepa. Como, por ejemplo, adivinar lo que hará Antunez, especialista en hacer lo contrario de lo anunciado. Con éste puedes jugarte un huevo y parte del otro a que si en el último momento recibe una propuesta directa o a través del móvil, que le induzca a volverse atrás en lo pactado, no va a dudar en hacerlo.

De todas formas, tampoco es algo que se pueda criticar en exceso. En Política, las circunstancias pueden cambiar en cuestión de horas. El Conde de Romanones, un maestro del Cinismo, dijo en cierta ocasión: «Caballeros: esto es definitivo... Naturalmente, al decir definitivo, me estoy refiriendo a las próximas 24 horas»
Menos mal que hay gente como la Vidal que cuando anticipa lo que va a votar, lo mantiene aunque arda Troya. No se casa con nadie. No siempre llego a acuerdos con ella, pero al menos cuando lo consigo, es de fiar.

¿Qué están haciendo esa pareja que está sentada dos filas más abajo? ¡Que hijos de puta: están jugando al «apalabrados»! Un día que se dignan aparecer por el Congreso y se ponen a jugar con la tableta... Y nosotros, que tenemos propuestas, iniciativa y ganas de trabajar para lo que hemos sido elegidos, nos pudrimos aquí, impotentes; mientras esos malnacidos cobran, ¡por jugar al «apalabrados»! 

¿Grupo Mixto? ¡Los Desubicados, eso es lo que somos! Amontonados en un rincón del hemiciclo, casi invisibles, sin que ninguna cámara nos enfoque y tan ignorados que si a alguno le da un infarto, se muere antes de que le atiendan. Y a veces ni agrupados, porque nos colocan en los huecos que hay y, cuanto más separados unos de otros, mejor.
¿He sido yo quien ha dicho que «si no conseguimos formar grupo parlamentario propio en la próxima legislatura, me daba de baja del Partido»? 

Divina inocencia. Si con los que somos podríamos hacer el próximo Congreso Extraordinario en el comedor de casa, ¿cómo vamos a llegar a los cinco diputados imprescindibles? Bueno, eso de imprescindibles... Si se está en la onda del partido del Gobierno siempre se encuentra el resquicio ilegal preciso para que se pueda formar grupo propio. Así el portavoz pueda colaborar en la tarea de dar coba al Gobierno y caña a la Oposicion. Y además, se dispone de mucho más tiempo del que correspondería si se estuviera en el Grupo Mixto.

El nuestro es un caso típico de partido castigado por la Ley D`Hondt. Con otro sistema podríamoa haber llegado a cuatro o cinco diputados y tendríamos nuestro propio grupo parlamentario. Pero, en fín, lo cierto es que soy un pobre diputado rodeado de algunos lobos y de un montón de borregos. Bueno: pobre, pero honrado. Como las huerfanitas de las novelas por entregas que leía mi abuelita. 

¿Me rescatará de mi humilde condición alguna eminencia gris de un partido importante? ¿Alguien que considere que soy la persona adecuada para sacarlos de la mediocridad?
Creo que empiezo a desvariar. ¡Madre de Dios, lo que hace el aburrimiento!
¡Odio a los que convierten este lugar en un sitio inmundo!

miércoles, 27 de febrero de 2013


2ª NARRACION 
(a partir de un texto recomendado, en azul)


Tengo que procurar no hacer ruido. Me duele cada hueso, cada músculo, cada milímetro cuadrado de mi geografía. Se que me están buscando, oigo sus pasos. No se si aguantaré. Es la lucha, mi lucha para sobrevivir.

¿Cómo he llegado a ésto? ¿Cómo empezó? Me cuesta recordarlo, es todo tan confuso... La situación me sobrepasa, bloquea mi raciocinio. Siempre me ha pasado lo mismo estando sometido a presión. Hasta en el colegio, cuando me preguntaban, era capaz de contestar lo primero que me pasaba por la cabeza sin razonar. Los documentos están a buen recaudo pero, ¿qué pasará si me encuentran? ¿Hasta donde están dispuestos a llegar para conseguirlos? Como me aprieten un poco los tornillos... ¡No quiero ni pensarlo!

Mi cerebro es un caos. El ruido de pasos ha cesado. Deben haberse parado... Quizás se han despistado y no saben por donde seguir buscándome. Se oyen otra vez. Parece que se alejan...

Fue por culpa de Eduardo. ¿O de Rita? No, no, fue de Eduardo, lo recuerdo perfectamente. En aquella época no tenía donde caerse muerto. Bueno, eso decía él. Ya querrían muchos caerse muertos en lo que tenían él y su familia entonces, pero era poco para él.

Tendría que haberme escondido dentro del armario. ¡Qué imbécil! Quitando una leja de las sábanas me hubiese podido poner acurrucado y con el mogollón de ropa de ella que hay colgada delante no me hubieran visto. A nadie se le puede ocurrir que un armario tenga tanto fondo pero ha sido todo tan rápido... No me ha dado tiempo más que de meterme debajo de la cama. Como cuando estuvo a punto de descubrirnos en su casa el marido de Encarna. ¡Jo!, menudo repaso se dieron. No me explico como esa loca iba pidiendo guerra si con ese animal tenía de sobra... Bueno, supongo que de vez en cuando le gustaba algo de calidad y con clase... Estoy desvariando. Con lo que se me ha venido encima y recordando batallitas. ¡El pomo de la puerta chirría!

¡Dios, van a entrar! Tengo que acurrucarme más, pero no me responden las piernas; estoy agarrotado. Cada movimiento es un suplicio. No entran... ¡Un móvil! ¡Ha sonado un móvil! Esa llamada puede ser mi salvación. Reciben nuevas instrucciones y se van. O descentrados por la interrupción se van a mirar a otra habitación olvidando que no han entrado en ésta. A mí me pasa a veces: algo me saca de lo que iba a hacer, me desconcentra y olvido lo que tenía «in mente». Ya no se oye nada. Ni voces. Puede que se hayan alejado... Me estoy meando.

Enredarse fue tan fácil... Era un complemento perfecto del trabajo y me daba oportunidad de tratar a un tipo de personas que de otra forma no hubiera conocido nunca, aparte de que triplicaba mis ingresos. Anotar las entregas, meter el efectivo en los sobres, mandar los regalos... No hacía falta ni comprarlos, cada empresa se encargaba de enviarlos a nuestra delegación y gente de confianza se encargaba de repartirlos con discreción. Bueno, no siempre; como aquella ocasión en que había que llevarle el Rolex Super Costellation al Gran Jefe y se consideró que yo era el más adecuado para hacerlo. Fue en «La Ponderosa». Entró en los servicios y dos «seguratas» se quedaron en la entrada montando guardia para que no pasara nadie. Parecían centuriones de una película de romanos. Sólo les faltaba cruzar las lanzas para obstaculizar el paso. Uno de ellos tenía que preguntarme:

-¿Cómo se llega a Castellón?

Y yo debía contestar:

-En todo menos en avión.

Funcionó a la perfección. ¡Je, je, si hasta rimaba!... Entré, dejé el Rolex junto a uno de los grifos y pude escuchar el sonido de una meada procedente de uno de los excusados. Salí y recité el resto de la contraseña para indicar que todo había ido bien:

-Tu puta madre.

El que ideó la contraseña era un cachondo mental o me utilizó para decirle a los «seguratas» lo que pensaba de ellos, porque me insistió en que debía hablarles con firmeza y mirándoles a la cara, como si lo de «tu puta madre» fuera en serio. 

Se oyen voces otra vez. Se están acercando. Han vuelto a girar el pomo...

-¿El baño está aquí?

¡Idiota, tienes uno en la planta baja! No entran. ¿Pero qué están haciendo? No entiendo nada. No se oyen más voces, ni ruido de pasos; nada. No puedo más. ¡Dios mío, te juro que si me sacas de ésta me dedicaré a otra cosa aunque gane mucho menos y no tenga sobresueldos. No volveré a llevarle bolsos de «Louis Vuitton» a la foca con el sobre dentro. Bueno, en realidad, lo hacía Luisa; yo sólo iba de acompañante. Era como en las películas de espías. Se sentaba en la mesa en la que estaba desayunando, después de saludarse como si se conocieran de toda la vida, dejaba el bolso junto al de ella y cuando se despedían cogía el otro. ¡Dios!, si es que lo he visto en cien películas y sigue funcionando. 

¡¡La manija de la puerta!! ¡¡Están entrando!!

-¿Seguro que no vendrá tu marido?

¿Qué? ¿Quién es ese tipo? ¿De qué va ésto? 

-No hay peligro. Bastante tiene con lo que le ha caído encima. 

¡¡Es la voz de Elsa!! ¡No son los que me siguen! Pero... ¡Me la está pegando!

-Además, ha quedado con Luisa, una compañera con la que está liado -le ha contestado Elsa.

¿Qué? ¿Cómo se ha enterado?

-¿Y cómo lo aguantas?

¿Cómo, que cómo me aguanta? Porque vale la pena, mamón, aunque a veces tenga una aventurilla sin importancia...

-Así se desahoga y no se pone tonto. Además, el pobre aguanta mucha presión y una aventurilla de vez en cuando no hace ningún mal. Como la mía contigo, ahora.

-¿Eso soy yo para tí; una aventurilla? -dice el tío. ¿Pues qué querrá?

-Pero tú eres gilipollas o qué? 

¡Bien dicho, Elsa! ¡A ver que se ha pensado ese imbécil!

-Yo pensaba que..

-Pues no pienses tanto y vamos por faena, que todavía tengo que ir al Super y recoger al crío de la guardería.

¡Joder!, y encima me estoy meando. Debería salir, pero si lo hago serán ellos los que se meen, pero de risa. Si al menos ese cerdo tuviera un gatillazo...

jueves, 14 de febrero de 2013


Mi Primera Narración 
(a partir de un texto recomendado,  en azul) para el 
SEMINARIO DE ESCRITURA 2013 en SANT JOAN D'ALACANT
 organiza: LIBRERIA TEOREMA 
colabora: Concejalía de Cultura  
dirige: MANUEL AVILÉS, escritor

Nota: Si alguien dispone de tiempo, le apetece hacerlo y desea probar su capacidad narrativa con un relato de su invención, a partir del texto azul, puede hacerlo con total libertad y dándole el enfoque que considere más conveniente; sea éste humorístico, dramático, policíaco, real como la vida misma, etc. Los organizadores del Seminario no tienen ninguna vinculación con esta iniciativa de "El color del maldito cristal"; aunque les agrada todo cuanto sirva para fomentar la lectura y la capacidad para escribir mejor, que es el objetivo esencial del Seminario. La extensión debe ser de un máximo de dos folios, tamaño de letra, 12 y un interlineado de dos espacios. Suele ser lo habitual. Para mayor claridad añadiré que el espacio que ocupa en está página corresponde a un escrito de casi dos folios, dejando 25 en todos los márgenes de la hoja, superior, inferior, interior y exterior.


Está amaneciendo. El día es frío, helador, diría yo. El autobús se dirige lentamente, con un traqueteo soportable, a completar su línea. La línea 23. Viajamos en él tres personas además del conductor. Una señora mayor, con tres capas de ropa, dormita en un asiento inmediatamente detrás del chofer. Yo viajo en la mitad del vehículo y una chica joven va al final. Todos guardamos las distancias y reina el silencio. Me fijo en la chica joven. Debe de tener 20 años aunque quienes pasamos de los cincuenta calculamos muy mal la edad de los jóvenes. Es guapa, morena, parece alta y con un tipo importante, pero está sentada y no puedo afirmarlo sin riesgo de ser temerario. Un momento... De su asiento caen unas gotas al suelo del autobús. Son gotas de sangre.

Bueno... parece sangre. No distingo bien. Con los años he perdido visión y la luz de este condenado autobús no se puede decir que sea muy buena. Puede tratarse de algo que esté bebiendo, lo haya dejado en el asiento de al lado y en un movimiento brusco del bus se haya volcado, derramándose algo del contenido antes de que lo haya podido coger. O que al tirar de la solapa de cierre hayan saltado algunas gotas. Pero con ese color que parece sangre, ¿qué puede ser? Un zumo de tomate a estas horas no parece probable. Una Coca Cola tampoco, lo que hay en el suelo se nota más denso; las gotas se han quedado «clavadas», no corren... Quizás, un batido de cacao. A esta distancia no soy capaz de distinguir entre marrón oscuro y granate.

Voy a acercarme, como si quisiera ver algo del recorrido que estamos pasando y compruebo de qué color es. Si es sangre o lo parece, le pregunto cualquier tontería para que no se asuste y según como reaccione le digo si necesita ayuda. No se… Igual me manda a la porra o se pone a gritar. Los jóvenes de hoy no son como los de antes, cuando había un respeto para los mayores. Me está mirando. Parece como si quisiera pedirme ayuda.

¡Vaya, otra parada! Esperaré a ver quien sube. Este autobús es desesperante: entre las paradas que hace y los rodeos que da… Cuando no voy muy lejos me sale más a cuenta ir andando. Al menos no me consumo...

Tres nuevos pasajeros: un moro, un negro y un indio. ¡Je, je!, me ha salido la vena racista. Si estuviera hablando con alguien tendría que nombrarlos como los de la Radio o la Televisión: un magrebí, un subsahariano y un hispanoamericano…

En fin, no divaguemos y a ver si esa se ha desangrado. Dos de los que han subido, el moro y el indio, se han sentado atrás de la señora mayor y el negro, tres filas delante de la joven pero al otro lado, con lo cual sigo viéndola igual. ¡Caramba!, las gotas no están. Bueno, en realidad, sí: está el rastro. Se debe de haber dado cuenta y las ha pisado intentando borrarlas.

No se qué hacer. Su cara no parece indicar que le pase algo pero tampoco que esté normal. Me ha vuelto a mirar, pero al devolverle la mirada ha vuelto rápido la suya hacia la ventanilla. Se mueve como si estuviera inquieta. Los demás ni se fijan. Está cada uno pensando en sus cosas, aparte de que ya no se nota más que el restregón. Dejaré pasar un momento y vuelvo a mirar. Según lo que vea, actúo.

Han pasado treinta segundos. La veo incómoda. Decididamente, le voy a preguntar. Es posible que le haya pasado algo que la ha dejado en estado de shock y no sabe qué hacer.

¡Otra parada! Bueno, a ver si ahora sube alguien del país... ¡Hombre, un chino! El bus multirracial. Debe de ser eso que han bautizado como globalización. Con los que han entrado ya somos... Cuatro del país, un moro, un negro, tres sudacas y un chino. España, 4; Selección de la FIFA, 6.

Tengo que decidirme sino voy a llegar a la parada del taller. La próxima es Vistahermosa y allí subirá bastante gente. Menos mal que no es la hora de entrada o salida de los colegios: se llenaría el autobús. Al menos subirían veinte críos. O sea, veinte smartphones. Diez que ya lo llevarían en la mano y el resto que lo sacaría de la mochila en cuanto plantificara las posaderas en el asiento o se apoyara en algún sitio.

Decidido. Voy ya y con tacto, con sumo tacto, para que no se asuste, ni me arme la de Dios es Cristo, le pregunto:

-Perdone que la moleste, joven, pero me ha parecido advertir…

Demasiado rebuscado. Me va a mirar como si fuera un marciano. Mejor:

-Perdone, joven, ¿necesita ayuda?

No, tampoco. Demasiado escueto y directo. O, puede que no. Es posible que me mire, entre asustada y conmovida, porque un desconocido se interesa por ella. ¡Claro!, esa puede ser su reacción perfectamente. Incluso, confiada y procurando que nadie lo advierta, me muestra una pequeña herida en el brazo izquierdo. No, en la rodilla. En el muslo. No, no, no… Tiene una pequeña mancha de sangre en la blusa, encima de la…

¡Ostia, mi parada! Pero… ¡ha pasado de largo por Vistahermosa, el muy cabrón!…

-¡Espere, que bajo aquí!

¡El timbre! ¡Tengo que tocar el timbre!

Uf!... Menos mal que he tenido tiempo de bajar. Si entro tarde en el taller ese cerdo me lo descuenta del sueldo.

Mira que si era sangre lo de esa desgraciada… No tendrías que haberle dado tantas vueltas a la cabeza, imbécil; que siempre te pasa igual...

Si me dieran diez euros por cada pensamiento que a lo largo de mi vida no he convertido en acción... Montaba mi propio taller y... ¡Pero, bueno!, ¿eres tonto o qué? Me dedicaría a darme la gran vida y... ¡je, je!, seguro que todavía me quedaría para financiarle al Ayuntamiento un recorrido que llevara de la Plaza del Olivo a la Biblioteca sin necesidad de dar un rodeo de tres kilómetros.


Eugenio Guardiola Santafé, Sant Joan D'Alacant, Febrero 2013

jueves, 10 de enero de 2013

SOBRE "HAIR", "JESUSCHRIST SUPERSTAR" Y ALGUNOS RECUERDOS

Elenco del Musical “Hair”. Foto Jeanloup Sieff (1969)

A PARTIR DE "HAIR"
El deseo de escribir sobre estos dos Musicales denominados "Operas-Rock" en su momento surgió a raíz de ver un video de la mil veces versionada, "Aquarius". No era una mala versión y no es que me desagradara, pero llevaba incluidos los excesos vocales innecesarios propios de la época musical que vivimos y que me resultan innecesarios y contraproducentes. Sin duda gustan tales versiones gustan a muchas personas, porque de lo contrario no tendrían tanto éxito, pero no es lo que me va. Por otra parte, en contadísimas ocasiones una segunda versión -o el número que sea- mejora la original, aunque sea del propio creador. Incluso, si coinciden la faceta de compositor@ y cantante. 

En lo que se refiere a Hair y JesusChristSuperstar, ni siquiera las versiones de las películas de Milos Forman (Hair) y  Norman Jewison (JCS) -con todas las ventajas que supone- mejoran las de los elencos teatrales que estrenaron ambas obras en Nueva York y Londres, aunque con respecto a la segunda no lo tengo tan claro porque la versión que vi en Londres en 1975 no era la misma en su totalidad. 

Cuando se editó en España el disco RCA de Hair me faltó tiempo para comprármelo. Era la versión original de Jerome Ragni, James Rado y Galt Mcdermot estrenada en Broadway, con la orquesta dirigida por el propio McDermot. Me gustaba más que la versión de la banda sonora de la película. 

La versión musical de JCSS en cine me gustó, de forma que compré los dos cassettes que incluían toda la banda sonora. La película en diversos aspectos, no me convenció. En disco o cassette, la versión original teatral no me consta que llegara a ponerse a la venta en España.

Portada del LP con la grabación del elenco original
Los creadores de Hair:
Gerome Ragni, Galt MacDermot y James Rado


En 1975 o 1976 se estrenó en Barcelona una versión incompleta de Hair, me parece que en el Teatro Victoria. Era una Compañía en gira por Europa con intérpretes ingleses y americanos. Estaba bastante bien pero me supo a poco.

Con JesusCS las cosas fueron de otra manera: vi primero la película, me gustó, aunque tampoco me convenció. Sí, la música y menos, la película. No recuerdo porqué compré esta versión y no la del teatro pero sospecho que quienes gobernaban en los últimos años de la dictadura, prohibieron cuanto se relacionaba con JCS y tal versión no salió a la venta. No puedo asegurar nada en ningún sentido, pero la Censura de aquellos últimos años en algunos aspectos era todavía más esperpéntica que en años anteriores.

En la primavera de 1975 fui a Londres dispuesto a ver en Cine y Teatro cuanto pudiese porque en España era imposible. "Hair" no estaba en cartel, pero JCS, sí. Un espectáculo inolvidable. La noche siguiente vi "Oh, Calcuta!: otro impacto visual y emocional.


Primera página del folleto.

JCS la vi en el Palace Theatre. Al entrar te entregaban un pequeño fascículo que no estaba mal, pero había tanta diferencia con el que estaba a la venta que me lo compré. Esta es la primera página interior y en las restantes había amplia documentación sobre la obra y muchas fotos en B/N y color. Las páginas centrales se desplegaban.

A pesar de que había visto la película y el teatro no permite grandes alardes escenográficos, la impresión fue de las que no se olvidan, sobre todo para alguien procedente de la España Medieval del Régimen de Franco, debilitado en algunos aspectos, pero mantenido a ultranza por quienes medraban en él.

En aquellos años ni me pasó por la cabeza peregrinar al Lourdes Erótico de los cines del otro lado de los Pirineos, aunque si era asiduo espectador de las Semanas de Cine en Color de los años 60s y 70s, primero en el Palau de la Mùsica y posteriormente en el Palacio de Congresos, así como del Ciclo de Teatro Latino. Ambos se programaban dentro de la programación de las Festas de la Mèrce. También eran un alivio a tanta penuria las esporádicas Semanas de Cine Francés que se celebraban de vez en cuando en el Cine Alexandra.

En una de las obras de teatro, concretamente "Il servitore de due padroni", de Goldoni,  intervenía una jovencísima Raffaela Carrá, en un papel no muy extenso pero de espectacular inicio: abría una ventana con los brazos extendidos y sacaba medio cuerpo llamando a uno de los personajes. No parece un inicio particularmente espectacular, ¿verdad? Bueno, había que ver el escote... Un espléndido y gozoso impacto visual para los espíritus reprimidos de la primera mitad de los 60s. Tuve que reajustarme los ojos dentro de las órbitas.


Una Raffaela Carrá muy distinta
la de mediados de los 60s
Recuerdo haber asistido a una Semana de Cine Argentino (una cinematografía casi desconocida porque llegaban poquísimas películas) en el Cine Balmes en donde el actor Lautaro Murúa ¡salia cada día! Salvo alguna excepción, eran flojillas, hasta el punto de que -no sé si fue en la presentación o en un cortometraje de producción argentina-, se hacía constar.  Era lógico, en España y Argentina el cine tenía un nivel económico muy bajo y culturalmente en nuestro país reprimido por un Régimen alérgico a la Cultura y al Pensamiento que no estuvieran en línea con sus consignas. Las vi todas, hasta el final de la semana porque me intrigaba saber si efectivamente Murúa salía en todas. ¡En la última no salía! Años después Murúa protagonizó en España en varias películas, entre ellas:

1. Lautaro Murua y Vanessa Redgrave en Un muro de silencio,1993
 

A lo largo de tantos años de desierto cultural no era mucho, pero eran las únicas oportunidades de ver en público películas en versión original (con subtítulos en castellano o francés), sin cortes o con los diálogos adulterados, como en el conocido caso de "Mogambo".




martes, 4 de diciembre de 2012

EL "ALONDRA" (1939), 
CINE DE SESION DOBLE,  
ANTES "ESPLAI" (1932) Y DESPUES 
BLOQUE DE PISOS

Cuando estaba escribiendo "Un Hollywood muy personal" y buscaba con el Google cineastas que hubiesen practicado algún deporte o se hubieran relacionado con deportistas profesionales, me costaba Dios y ayuda encontrar fotos o documentos que me fueran útiles. Aparecían con cuentagotas, repetidas eso sí, en decenas de entradas aparentemente distintas entre sí, de forma que la pérdida de tiempo era considerable. A pesar de ello, entre que aprendí a buscar mejor y que el material se iba renovando, mi archivo empezó a crecer. A partir de ahí y sin saber exactamente porqué fueron apareciendo cosas de la forma más insospechada, hasta el punto de que podía escoger entre varias posibilidades e incluso, verme obligado a rehacer capítulos terminados porque lo que había aparecido, sin buscarlo, era mejor que lo que ya tenía.

Ahora estoy preparando un blog dedicado a recuerdos personales y al abundante material propio de que dispongo, necesito añadir detalles que me faltan, también en forma de fotos o documentos. De nuevo, dificultades a la hora de encontrar lo que necesito. Sin embargo, a través de Facebook, Josep Mª Blanch ha recuperado unas imágenes de la "La Barcelona desapareguda" que han dado lugar a un estupendo cruce de comentarios, que se han traducido en nuevas fotos, con sus correspondientes textos aclaratorios. 

Hasta tal extremo me han resultado útiles éstas y otras recibidas via e-mail que me han hecho pensar en la `posibilidad de dejar de usar como buscador el "Google" o el "Mozilla" y darme de alta en el "Blanch ", porque además de encontrar muchas más cosas, me da ideas y me hace conocer a unas amigas (y amigos) muy agradables. Como consecuencia inmediata, me ha llevado a indagar entre libros y recuerdos muy diversos, tales como fotos, programas, revistas antiguas... y a seguir como un sabueso las pistas que me ha dejado, que me han permitido encontrar, ahora sí, unas fotos que buscaba. Son las del Cine Alondra, desaparecido como tantos otros hace ya años. Era el cine de barrio de mi infancia. Hubo otros, pero ninguno como éste, ya que estaba muy cerca de mi casa. Yo vivía en Aribau, entre Rosellón y Córcega y el Alondra estaba en Córcega, entre Aribau y Muntaner, o sea, en la manzana de encima de la mía, sentido montaña. 



Fachada del Cine Alondra en Córcega,
entre Aribau y Muntaner
A la izquierda de la pantalla los servicios y el bar,
en un lateral parecido al de la derecha.

Como tantas y tantas cosas tuvo un nombre antes de la Guerra Civil, "Esplai" (1932) y otro después, "Alondra" (1939).

Fotos y algo de información están sacadas del Blog "Barcelofilia", que en algunos aspectos no es demasiado exacto. Concretamente, dice:

"La sala donava servei a un ampli sector de la zona nord de l'Esquerra de l'Eixample més propera al centre i a la Diagonal amb l'Hospital Clínic, la Facultat de Medicina i el Mercat del Ninot com a veins pròxims. Un sector on els típics cinemes de barri no hi eren massa presents i es limitaven a l'Iris del carrer València i el del propi Col·legi Sant Miquel, a Muntaner-Rosselló, que també oferia cinema a la tarda dels diumenges."


No es así, había al menos tres cines más: El "Aristos" (1943), en Muntaner, pasada la Diagonal, un poco más arriba de la Librería Francesa (una de las tres que había) y que años más tarde se convertiría en el Teatro Moratín. El "Miria", en Provenza, entre Balmes y Rambla de Catalunya, que se caracterizaba por lo extremadamente antipáticos que eran los acomodadores. El "Intimo", en Rosellón, cerca de Pº de Gracia. Por otra parte, si no recuerdo mal el cine del Col.legi Sant Miquel no era público. Al Iris no ibamos nunca, aunque la distancia desde nuestra casa era similar a la de cualquiera de los otros tres, excepto el Alondra, que estaba muy cerca. Como cine de barrio tenía otro estilo...

jueves, 22 de noviembre de 2012

BIGOTES & COUPES SPORT



Siempre he sido agradecido con las cosas que he tenido, de las más sencillas a las que podríamos decir “más complicadas”, de la misma manera que es muy probable que sea inmensamente desagradecido con un montón de ellas si no las nombrara unas antes que otras. La casualidad en una conversación y el llevar o no llevar bigote, me hicieron recordar que me lo dejé para que no me pusieran reparos a las entradas de los cines o discotecas y luego lo lleve de forma ininterrumpida durante 23 años… estoy seguro de más de uno que pueda o quiera leer esto se acuerda que me conocían por José María el del bigote… ah!, pues como decía por casualidad me vino a la cabeza mi querido “Coupé Sport”, mi queridísimo 850, granate, tapicería color hueso de piel, bueno sino era de piel, tal vez lo parecía; pero piel al fin y al cabo. El volante de madera y el cabezal del cambio de marchas, también de madera, a juego. Un extraordinario “cassette” de la marca “Philips” manual que no radiocasete y con la instalación hecha por mí disimulando los cables a través de alfombras y tapicerías para llegar a unos altavoces que tampoco permitían excesivos volúmenes además que tampoco me lo permitía porque se gastaban las pilas demasiado pronto.
 
Ponía las canciones de esos momentos, meses o tal vez años, Basilio con el cisne negro de cuello blanco,  el inolvidable Pablo Abraira con su gavilán o paloma, Supertramp, Stevie Wonder, Barry White y cómo no, siempre por ahí en medio Don José Luis Perales…. Mientras un verano del 77 nos dejaba el grandioso Elvis Presley, no se si ese verano aprendía mis primeros pasos en este baile, tampoco recuerdo si probablemente lo hice bastante más tarde pero estoy seguro que ya me fascinaba.

Tampoco sé si era otoño, invierno o primavera,  se empezaban a oír un par de chavales cantando por las emisoras de aparente éxito denominados PECOS que, casualmente ibas acompañado sonaba alguna de sus canciones y notabas un brillo especial en los ojos de aquella muchacha y una sonrisa también especial. Nosotros, con nuestra habitual, enquistada y engendrada “cortedad” te quedabas pensando: “pero qué tendrán esos dos que no tengamos nosotros? Si el rubio en cuestión creo que le haría más ilusión verme a mí que a ella?”

Tiempos eran tiempos, Temps era temps, Paraules d’amor senzilles i tendres, no en sabíem mes teniem quinze anys…. A pesar que la canción era de 1967 seguía sonando en cualquier sitio, en cualquier atardecer viendo cómo se ponía el sol, o en cualquier amanecer viendo cómo salía. En la época de mi coupé, como es lógico, para poder llevarlo tenía más de quince años, la verdad es que hacía poco que los había tenido; pero ya no los tenía, ahora tampoco los tengo, bueno para ser cierto los tengo varias veces; pero esa canción no sé si es patrimonio de la humanidad; pero debería serlo.

Qué entrañables recuerdos, bonitos para mí, incluso excelentes no puedo recordar los malos, ni siquiera las averías que tenía en mi “Coupé sport” con el tiempo por medio creo que ni siquiera fueron averías.

Allá donde estés, me gustaría rescatarte y puedo prometer que no lo haría para creer que puedo ser más joven sino para que nos hiciéramos mayores juntos.

Hace pocos días una amiga mía preguntaba al viento si existían efectos secundarios en pastillas para no oír, no lo sé, tampoco quiero las pastillas para no soñar de la canción de Sabina, a esas me niego con rotundidad aunque no viva cien años, qué más me da!!, sin duda prefiero tomar infusiones para imaginar y si puedo, en uno de esos viajes acompañado con la imaginación ir hacia ese país llamado Itaca y por supuesto, como no, con mi queridísimo “coupé sport”.

PIZARRAS GIGANTES

A propósito de un escrito en facebook

En una página de fb, se ha publicado un escrito de padre desconocido que me ha gustado y he añadido a la mía. Va acompañado de la fotografía que va a continuación, que ha dado lugar a un divertido comentario de Josep Mª Blanch. Ambas publicaciones me han llevado a recordar, por la dimensión de la pizarra, algo que me sucedió hace ya muchos años. Empiezo a contarlo después de la foto. Es un poco largo pero muy aleccionador y un buen ejemplo de cuan maldito puede ser el color del cristal.




Lugar de los hechos: antigua sede de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, situada en el recinto de la Escuela Industrial de C/Urgel.
Epoca: primeros meses de 1961, un día laborable a últimas horas de la tarde.
Ubicación de la pizarra: Una de las sucias, lóbregas, frías y destartaladas aulas.
Protagonistas: Un servidor, joven y cándido alumno de Selectivo (El primer ingreso a la Carrera) y el profesor de Física de mi grupo, Sr. Mañas.
Cuerpo del delito: un larguísima pizarra que cubría toda la pared frontal del aula, aunque mucho menos alta que la de la foto.

Delito, sí, porque fue un delito que el profesor me tuviera toda la hora de clase dejando que me enredara como un pobre insecto desvalido, en la tela de araña de mi demencial deducción de la fórmula del Dioptrico Esférico. Si: toda una hora necesité para deducir una maldita fórmula que yo mismo había aprendido en cinco minutos cuando la estudiaba. Pero... en un determinado y fatídico instante, ¡nada más empezar!, escogí el camino equivocado que me condujo al desastre, aunque al final de la clase, y no sé todavía porqué extraño milagro, pudiese salir. Fue justo entonces cuando el profe dijo:

-Está bien, pero habría terminado antes si en lugar de hacer ésto (y señaló el lugar en el que había metido la pata), hubiese hecho ésto (donde había recobrado el juicio).
-¿Y por qué no me lo ha dicho?, balbuceé, estupefacto y con los primeros síntomas de estar cabreándome como una mona.
-Para que sus compañeros aprendan lo que no se debe hacer en una demostración.

¡Qué...! ¡Pero, qué...! ¡Permitió que durante una interminable hora estuviera escribiendo y borrando, escribiendo y borrando, llenando pizarra tras pizarra de insensatas deducciones sin decir ni mu. Sin corregir, ni aconsejarme. Mirando, sonriendo por lo bajines, regodeándose de mi desgracia...

Gasté tanta tiza y borré tanto que llegó un momento en el que tuve que hacerlo por enésima vez y busqué desesperado el maldito borrador. Preso del pánico más abyecto, intenté localizarlo y allí, en la otra punta del estante, vi un trapo. Galopé hasta él como un poseso, alargué el brazo y ¡Dios, llevaba uno en la mano y no lo sabía! Desolado, me quedé mirando la mano con el condenado borrador. Estuve a punto de echarme a llorar. Consecuencia: carcajada general de toda la clase, incluidos mis mejores amigos. Hasta el hierático Sr. Mañas esbozó una leve sonrisa. 

Pasado el tiempo, con el distanciamiento que eso da, supongo que el profesor se dio cuenta de que yo sabía el tema pero me había enredado y le picó la curiosidad por saber si sabría salir del lío en el que me había metido. Puede ser cierto que también pretendiera, como dijo, que mis compañeros escarmentaran en cabeza ajena, pero para eso no hacía falta hacerme padecer durante una hora.

El tiempo da distanciamiento, pero no tanto. Me acuerdo de todo y de todos. En especial de los que se rieron a carcajada limpia y que, como suele ocurrir, eran con diferencia los peores de la clase. Debo añadir; por si alguien piensa que recuerdo con excesiva precisión algo tan nimio que pasó hace 50 años; que soy un rencoroso. Totalmente inexacto, aunque si es cierto que toda la vida me ha acompañado una inmerecida fama de serlo. 

No es para tanto. Para demostrarlo me basta con un par de ejemplos escogidos al azar: a un compañero de estudios, C. B., volví a dirigirle la palabra sólo doce años después de un suceso en el que nos vimos envueltos. Y, sin ir más lejos, a E. V., también compañero, en el breve plazo de unas pocas semanas después de haberme hecho una trastada. Trastada por la que me vi obligado a mandarle una carta certificada a su trabajo, después de innumerables intentos previos para que se enmendara. Tras leerla, me telefoneó, no le colgué y acepté el diálogo. Es decir, un comportamiento impecable por mi parte.

¡¡Je, je, estaba cabreado como una mona porque había abierto la carta delante de sus compañeros, para presumir y se enteraron de lo que ponía!! En el sobre, para darle más intríngulis, puse debajo del nombre y tratamiento, Doctor Ingeniero Industrial. Director de la Oficina Técnica de..., aunque no era ninguna de las dos cosas porque le faltaba entregar el Proyecto Fin de Carrera y encima sólo era uno de los esclavos-estudiante en prácticas (sin sueldo) de la Oficina. Pero sabía de su vanidad y estaba convencido de que al leer el sobre le faltaría tiempo para destriparlo delante de todo bicho viviente. En el escrito sólo puse: "¡Eres un cabrón!". Y mi firma. Como era un tipo visceral, se le mudó la cara, se acordó de toda mi familia, montó en cólera... y todo el mundo se enteró, que era de lo que se trataba. 

Mirándolo bien, quizás si que fui un poco borde... pero rencoroso, no. ¡Le volví a hablar!

Cuando a uno le cuelgan un sanbenito...


martes, 20 de noviembre de 2012

¿SUEÑO O PARIDA?

Si un director de estos "modernos", genial o iluminado por la Diosa Talía, me pidiera protagonizar Hamlet vestido de amarillo,aceptaría a pesar de mi miedo escénico, de las advertencias de mis amigos y de que todavía no he conseguido memorizar y decir en el orden adecuado aquello de "La mesa está servida, Señora" y a lo más que he llegado, presa de los nervios, es a decir: "la servida está señora, mesa". 

Aclaro lo de director moderno que hace su propia versión del texto de Shakespeare, muy fiel, por supuesto, tanto al fondo como a la forma.

Resulta que su Hamlet, propio de un director considerado por la Crítica un verdadero genio, está ambientado en la época actual. Hamlet es hijo del Rey del equipo filial en Dinamarca del Manchester United y tiene la duda, nunca mejor dicho que Hamletiana, de a quién tiene que elegir para suceder a Sir Alex Ferguson: Pep Guardiola o Jose Mourinho. Es decir, ese es el dilema: ¿un tipo encantador o un borde integral?

Algo así como: "To Pep or not to Pep: that is the question".

Como ya he comentado, se respeta escrupulosamente el sentido de la obra. las pequeñas licencias estriban en que Ofelia es Spice Girl, pero de Dinamarca y las bacantes de los coros salen desnudas. Por lo que respecta a ellos, la mitad van vestidos de gladiadores romanos para simbolizar la virilidad de los jugadores de Mourinho, mientras que la otra mitad, los de Pep, se tiran la mitad de la obra cantando la canción de Coldplay, "Yellow".

Pues bien, a pesar de mi reserva ante las versiones actualizadas; no tendría inconveniente en aparecer vestido de amarillo en el escenario si la indumentaria del personaje lo requiere. Supongo, claro está, que tendría que aportar yo el jersey porque es de imaginar que en el atrezzo del teatro no se encontraría ninguno, ni estarían dispuesto a ir  buscar uno, aunque fuera a Marks & Spencer.

De todas formas, si en la esquina del teatro se estacionase una unidad de la UVI tampoco estaría de más. Lo digo, más que nada, por si una parte del respetable público no encajaba de buen grado la versión y empezaba a tirar objetos al escenario. Igual lo de Moliere no fue un infarto sino un cantazo en todo el coco propinado por algún espectador indignado...

domingo, 18 de noviembre de 2012

MIRADAS QUE MATAN, ELECTROCUTAN, DELATAN, CONMUEVEN, ENGRESCAN, EMOCIONAN...



¿De qué tipo son estas miradas?

Corresponden a momentos distintos pero delatan "emociones" parecidas, en donde la diferencia se centra en el grado de intensidad del  sentimiento que alberga el individuo en cuestión.

Las dos se pueden integrar en lo que en mis tiempos juveniles de ávido lector de novelas del Oeste, de Intriga o de Guerra, se denominaba "una mirada torva". Era la típica mirada siniestra y amenazadora del "malo", con la que traspasaba al "chico" o la "chica", según fueran sus planes respecto a ellos.

Situados en el nivel de los protagonistas de ambas, no es precisamente la mirada que se desearía recibir del Jefe Supremo. O en cualquier nivel: de un amigo, de un familiar o de la "media naranja".

Se prestan a añadir un buen comentario. Ya sabéis: las típicas burbujitas que parten de una cabeza y conducen a una nube que encierra el verdadero pensamiento de la persona. Estoy en ello, pero lo que se me ha ocurrido no me termina de convencer: se nota demasiado que aborrezco a los dos personajes, aunque la intensidad del sentimiento no sea el mismo. En un caso es absoluto y en el otro todavía, no; aunque tampoco falta mucho. 

En cualquier caso, de momento, me incapacita para hacerlos porque no olvidemos que el propósito de este blog es opinar -dentro de lo humanamente posible- con cierto grado de distanciamiento de simpatías o aborrecimientos.

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